No me habléis de la gente que jamás se ríe, no son gente seria.
F. Chopin

jueves, 21 de abril de 2011

una reflexión corta

Tengo un alumno que tiene una capacidad para el piano bastante extraordinaria, no es un monstruo de la naturaleza como se refería Neuhaus a Gilels o a Richter entre otros, pero podría hacer una carrera bastante o muy destacable. Es decir, podría tener una vida muy interesante de conciertos y envuelto en música de calidad. Lo que no creo que tenga es el entusiamo necesario para hacer la carrera, por eso no lo aliento excesivamente, estudiará medicina, que se ve que para eso no se necesita excesivo entusiasmo, o eso creo por lo que sé, que es algo. En su casa nunca se alentó esta posibilidad, nos llevamos muy bien toda la familia y yo, en alguna ocasión, más de una, su madre me dijo que no tenía ninguna intención de que sus hijos fueran pianistas (tiene dos hijos, el otro de igual o mayor talento hoy estudia ingenieria industrial en Madrid). No pasa nada, no me molestó, en alguna ocasión, quizás más de una, le dije que yo no tenía ninguna intención de que mis hijos estudiasen medicina (los padres de los chavales, los dos, son médicos).
Risas.
Este chaval al que me refiero está haciendo el último curso de piano en el conservatorio, de todo el conservatorio sólo tres alumnos de piano terminan el grado profesional ¿Es esto un fracaso educativo o no? Pero este es tema de otra reflexión que haré más adelante. La profesora (yo soy su profesor particular, pero también soy su primer profesor de piano y el único a efectos no prácticos, pero sí artístico-musicales, de él y de su hermano, desde que tienen seis años más o menos) le ha ofrecido la posibilidad de presentarse a premio de fin de grado (profesional, justo el período anterior al superior). A eso sí que lo animo, me parece que estaría bien y además creo que tiene muchísimas posibilidades.
La razón de esta reflexión es porque cuando estuvimos hablando sobre si merece la pena o no le dije que si no se llevaba el premio no pasaba nada, te jodes durante un día o dos y ya está. No todo el mundo puede llevarse los premios a los que se presenta. Entonces me acordé de una anécdota que contó Lang Lang en una entrevista y se la conté.
Él se había presentado a un concurso de piano cuando no era más que un niño, quizás diez años. Quedó de tercero, una posición que no está nada mal, pero su padre le dijo que podía haberse suicidado. Lang Lang añadió en la entrevista que desde entonces la relación con su padre ha sido un tanto particular.
Risas.
A continuación Richter al piano toca el vallee d´Oberman de Liszt, una de las piezas que estamos preparando y que tocará en el concurso de fin de grado.